La conexión entre cáncer y riñones es una vía bilateral.

Existen tumores renales (cánceres propios de los riñones) que en la actualidad se diagnostican con mayor frecuencia. Estos tumores son asintomáticos en fases iniciales y suelen ser un hallazgo al pedir un estudio de otros órganos.

En fases más avanzadas pueden generar dolor y sangre en la orina.

El tratamiento de estos tumores suele ser quirúrgico (extirpación del riñón afectado), dejando un riñón único funcionante.

Por otra parte, los cánceres en otros órganos pueden afectar a la función de los riñones por el efecto del propio cáncer (afectación paraneoplásica) o como consecuencia de los efectos tóxicos de la medicación o la radiación.

Por último, el tratamiento sustitutivo de la función renal (diálisis) y el trasplante renal hacen más susceptibles a las personas a presentar cánceres debido a la situación de inmunosupresión que generan.